La educación inclusiva e integradora es un movimiento de ámbito mundial que ha ido cobrando importancia en los últimos años, especialmente desde que en 1994 la Declaración de Salamanca proclamara la inclusión como medio más eficaz para educar a todos los niños/as y jóvenes en el sistema educativo ordinario, con independencia de sus diferencias o dificultades individuales y sociales (UNESCO, 1994).
En esta «Conferencia Mundial de Salamanca sobre Necesidades Educativas Especiales. Acceso y Calidad» (más conocida como Declaración de Salamanca) el principio fundamental es el de «que todos los alumnos/as aprendan juntos, siempre que sea posible, independientemente de las dificultades y de las diferencias que presenten”, proclamando igualmente que “las escuelas regulares siguiendo una orientación inclusiva constituyen los medios más capaces para combatir las actitudes discriminatorias fomentando comunidades abiertas y solidarias, construyendo una sociedad inclusiva y procurando una escuela para todos…»
Para autores como Stainback (1990) la escuela inclusiva debe servir para ofrecer a cada estudiante la posibilidad de aprender a vivir y trabajar con sus iguales en contextos naturales, de educación integrada y comunidad, para evitar los efectos inherentes a la segregación cuando los estudiantes están en lugares separados, en aulas o centros de educación especial, para hacer lo que es justo y equitativo. Es decir, en términos pedagógicos se estima que debe ofrecerse una igualdad de oportunidades cuando se reconoce el derecho a la diferencia y al pluralismo cultural y cuando existen mecanismos de individualización de acuerdo a las necesidades de los alumnos, así como cuando se realiza un aprendizaje diferenciado (Falcao, 1992; Correia, 1997).
De este modo la escuela inclusiva se enmarcaría dentro de un nuevo modelo llamado a ser «un lugar donde los aprendizajes son posibles cualquiera que fuese el tipo de deficiencia; es también un modelo de escuela que se centra en el niño miembro de la comunidad y, protagonista de su proceso de aprendizaje, valorando sus éxitos en lugar de sus fracasos» (Dueñas, 1991: 52). Desde la Declaración de Salamanca, el objetivo de todos aquellos países que se adhirieron a las declaraciones internacionales, entre ellos España, ha sido desarrollar escuelas que respondan con éxito a las necesidades educativas de todo el alumnado.
Es preciso señalar que el concepto de Necesidades Educativas Especiales (NEE) no sólo involucra a alumnos/as que presenten alguna discapacidad notoria, sino que también incluye a aquellos niños que tengan dificultades de aprendizajes, retrasos madurativos, alteraciones emocionales, problemas conductuales, etc. Además en la actualidad se considera que los niños superdotados también presentan una NEE.
Bibliografía:
STAINBACK, W. y STAINBACK, S. B. (1990): Support networks for inclusive
schooling: Interdependent integrated education, Paul H. Brookes, Baltimore
UNESCO (1994): «Declaración de Salamanca y marco de acción para las
necesidades educativas especiales», París.
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